La felicidad depende más de ti que de lo que te pasa
La gente suele pensar que su felicidad o su tristeza dependen de lo que le pasa.
Día soleado, feliz.
Día de lluvia, triste.
Buena suerte, mala suerte.
Así, la vida acaba pareciendo una tómbola. Y sí, claro, puedes trabajar para inclinar la balanza a tu favor. Esforzarte, mejorar tus probabilidades, intentar que las cosas salgan bien.
Hasta ahí, casi todo el mundo está de acuerdo.
Pero yo tengo otra teoría. Y con los años, cada vez la tengo más clara.
No son tanto los eventos. Eres tú.
Tu estado de ánimo lo decides tú. Tus expectativas, tus prejuicios, la historia que te cuentas en la cabeza.
Suena estúpido. Un poco lo es.
Pero creo de verdad que tu disposición ante la vida pesa más que lo que te ocurre.
Hay gente profundamente infeliz rodeada de cosas buenas. Y gente a la que la vida ha machacado sin piedad, sonriendo como un crío.
Yo pasé una temporada en la que mi vida era una mierda. Quizás desde fuera no lo pareciera tanto, pero por dentro era un suplicio.
De esos momentos en los que el suicidio deja de ser una idea abstracta y se convierte en una opción más. Una salida posible.
Y, sin embargo, un día todo cambió. Pasé de mi punto más bajo al mayor crecimiento personal que he vivido nunca.
No pasó nada especial.
Simplemente me cansé de ser infeliz. Y, de alguna manera, conseguí cambiar la forma en la que miraba mis días.
Recuerdo perfectamente el “click”. Recuerdo intentar explicárselo a un amigo y, al oírme hablar, pensar: sueno como un loco.
Los eventos no habían cambiado. Mi vida externa era prácticamente la misma.
Pero yo estaba aprendiendo a ser más feliz.
Por eso creo que la felicidad, en gran parte, se aprende. Igual que se aprende la infelicidad.
Claro que hay golpes que te tumban. Duelos, pérdidas, hostias duras.
Pero también existen todos los demás días.
Y me llama mucho la atención lo poco que la gente se centra en aprender a ser feliz.
Muchos esperan la felicidad como algo que te ocurre.
Cuando, en realidad, es algo que se entrena. Algo que se trabaja. Algo profundamente personal.