No quiero una multinacional
No quiero una multinacional. Ni millones en el banco. Ni empleados a mi cargo. No quiero coches de empresa, reuniones con políticos ni aguantar el desgaste de soltar discursos en conferencias internacionales.
Tampoco quiero jefes, ni horarios, ni la rutina de oficina compartida con compañeros que preferiría no ver.
Lo que quiero es algo mío. Pequeño, sencillo, personal. Y con eso basta.